Yo ya estuve en esa fiesta

Hace unos días se lo contaba a P., una amiga que está por separarse y que en medio de sus muchos (y más importantes) agobios, necesitaba que la escucharan y que la distrajeran.

Y debo decir que soy buena para estos menesteres.

Han pasado muchas cosas en el último año y medio, desde que dejé de escribir aquí. Muertes, pérdidas, mudanzas. Dicen que eso es la vida, pero quizá he tenido más vida que de costumbre. Y no es queja. Es solo descripción.

Una de las cosas que ocurrieron en estos meses fue encontrarme de nuevo con Ajo, mi amiga más cósmica y poseedora de un duende muy especial, dicho en el sentido lorquiano de la palabra. Siempre que Ajo aterriza en mi vida, o mejor dicho, cuando en una de sus órbitas pasa por ella, pasan cosas. Y esta vez no fue la excepción. Hablaba con un amigo suyo, conocido de una vida pasada, y hablamos de quiénes éramos entonces -hace ya diez años-. Recordé lo que había sentido cuando vi “La Grande Bellezza”, la película de Sorrentino. Y que con la secuencia inicial recordaba aquella etapa de mi vida (o esa otra vida) y había dejado el cine pensando: “Yo estuve en esa fiesta”. El amigo de Ajo, E, me completó: “Yo ya he estado en esa fiesta”.

 

Captura de pantalla 2019-07-01 a la(s) 14.51.17(Me representa).

 

He llegado a la época de mi vida en que cuando hago cuentas de cuántos años hace de algunas de las cosas importantes que han pasado, me entero que ese año también nacieron personas que ya pueden votar. Lo raro es que ahora no me da nostalgia ni melancolía. Si acaso curiosidad por ver a la distancia lo que pasó y lo que me trajo aquí.

La ventaja de haber estado en “esa fiesta” es que ya no tengo curiosidad de hacerlo ahora y sí el conocimiento. Además de muchas anécdotas que solo puedo contar a amigos cercanos pues si las cuento demasiado sueno presuntuosa. A P. le conté de esas aventuras, etapa. La parte linda (la mañana lluviosa que corrí por El Retiro tras la noche que marcó mi bienvenida a Madrid) y la parte oscura, que me hace pensar que es muy bueno que ya no esté ahí -y preguntarme a veces cómo sobreviví-.

Quise “revivir” este blog con esa anécdota porque es quizá la que mejor define en qué punto estoy ahora. Ninguno de los mundos que conocí entonces son el mismo. Varios amigos han muerto, muchas personas se han ido y yo soy una persona muy distinta. La Guadalajara que había sido mi refugio provinciano ahora es tan violenta como el resto del país. La Madrid que me recibió hace diez años es gobernada ahora en parte gracias a un partido de ultraderecha que no existía. Y ahora soy chilanga. Hace poco uno de mis primos se mudó a la ciudad y mi padre me dijo que lo que más les había impresionado a él y a su chica era cómo llevaba mi vida, sola, a mis casi cuarenta años en una ciudad tan complicada como el DF. (Todavía me gusta decirle DF).

“Esa fiesta”, con la vida bohemia que siempre había querido llevar -créanme, no me quedé con un solo pendiente-, hace que tenga muchas cosas qué contar ahora. Intentaré hacerlo con más frecuencia.

Finalmente, ustedes mis cuatro lectores, saben que yo siempre escribo aquí de lo que se me da la gana pero lo intento hacer entretenido.

 

 

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