Te doblas, pero no te quiebras

Tenía cinco años.

Era la primogénita de mis padres, así que cuando un día llegué llorando del kínder, fue un asunto que mis padres debían de analizar. Mi papá me enseñó a caerme (imaginen a un señor de 1.89 con una niña que no rebasaba el metro haciendo la misma maniobra). Y cuando me preguntó por qué lloraba, le respondí que era porque otros niños me pegaban.

Así que mi pá, como buen michoacano, me tuteló. “Tienes que defenderte”. ¿Y si me hace llorar? “Le respondes”. ¿Y si me pega? “Pues le pegas también”.

No recuerdo bien la fecha, pero a la siguiente afrenta de niños en mi kínder lo tenía claro. Hubo una pelea. Y respondí. Y me peleé. Y le pegué.

*Llamada de la directora del kínder a mi madre*

Digamos que mi mamá no estaba muy de acuerdo con el método de #autodefensa michoacana que mi padre me había tutelado. Acabamos regañados los dos. Eso sí. Nadie me volvió a pegar otra vez.

En Morelia estudié en un colegio de monjas la primaria. Largos años de planas con “letra bonita” y con amiguitas. En cuanto me dieron una opción, dónde quería estudiar la secundaria, ni lo pensé. “Quiero estudiar donde estudió mi papá”. El colegio de mi papá solo aceptaba niños en su época, pero -escándalo- ahora era mixto. Recuerdo su respuesta: “Si yo estudié ahí, ¿por qué mi hija no?”.

Estudié ahí, y aprendí. Mi abuelo materno, era el primero que me enseñaba a opinar, debatir y llenarme de argumentos. Suena muy ingenuo, pero entre ellos dos, jamás me di cuenta que era distinto ser mujer. Mi padre lo resumía bien. “Puedes ganarle a un hombre en todo. Salvo en fuerza física. En ese caso me llamas”.

Pasaron los años, y nunca fui consciente de la gran fortuna que había tenido. Mi abuela y mi mamá merecen mención aparte. Mujeres independientes, a su propia manera, que ejercían esa cosa que llaman ahora feminismo sin saberlo.

Después me hice periodista, y me fui a Guadalajara, y luego a Madrid, y luego al DF y eso creo que ya se lo saben.

Mi abuela Gregoria siempre fue la más orgullosa, y fue la última de mis abuelos que murió. Todavía recuerdo que en su aniversario de oro me llevó aparte y me dijo, en voz baja, lo orgullosa que estaba de mí. Mi abuela fue una mujer que era independiente en 1950, en un país que no le permitía ni votar aun cuando ya mantenía a toda su familia.

“Hija, no te preocupes. Yo me casé muy grande. Haz lo que quieras. Y he pensado muchas veces lo feliz que hubiera sido con mi tiendota… pero me enamoré”.

Lo decía casi como si hubiese sido una enfermedad. Como un “me rompí la rodilla”. Una mujer brillante que en un pueblo michoacano construyó su futuro. Y el de mi padre. Y el mío.

Mi madre merece un párrafo (o un artículo o quizá un libro) aparte. La hija de Don Benjamín no conoce barreras, al menos no hasta ahora. También fue independiente desde los 18 años. No le da cuentas a nadie desde entonces. Y si se casó con mi papá fue porque, en palabras de mi abuela, “se enamoró”.

Su canción favorita era de esas que se ponían en caset en esos viajes largos que vivimos los niños de los ochentas. “I am woman”, de Helen Reddy. Y su verso favorito: “You can bend, but never break me“. “Me doblarás, pero nunca me romperás”.

Mi padre al día de hoy le repite ese verso: “Te doblas pero no te quiebras”. Creo que no hay mejor frase para definir a mi má.

A veces leo todo lo que ocurre con las denuncias sobre el #MeToo, por acoso a las mujeres. Porque no nos pagan igual. Porque un jefe quiere “invitarte” a una “cena” para hablar de “tu carrera”. Porque una vez en una de esas cenas entre “reputados” periodistas y políticos me dejaron claro que porque, al ser mujer, lo único que tenía que hacer era pedir el postre y hacer ojitos. Porque nos dan los peores puestos. Porque tenemos que aguantarnos mil y una cantidad de insultos por tener un buen puesto. Porque hay que ser guapa. Porque sé que todas mis amigas han sufrido de una manera u otra algún tipo de acoso o abuso que tiene un solo motivo: eres mujer. Sé amable. Arréglate. No te quejes. Y cállate.

Me emociona pensar en mi abuela y que, 68 años después, su sueño comienza a hacerse realidad. Gracias a la ayuda del hombre del que se enamoró, del padre de mi madre, y de mi papá.

Yo también. Nadie me pudo callar entonces. Me enseñaron a defenderme. Y este es el momento de hablar y defenderse. Y si me pegan… les pego también.

 

Anuncios

Un comentario en “Te doblas, pero no te quiebras

  1. La mujer es materia maleable:
    El golpe enseña, la vergüenza curte
    La mano aprieta el cuello que endurece
    El grito amordazante suelta un coro
    Cantando la razón desde el levante
    De eso oriundo de haber nacido hembra.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s