Archivos Mensuales: diciembre 2017

Todos los crayones de la caja

Era un día de abril y estaba un poco cansada de leer noticias. Ya no podía más. Otra declaración desquiciada de Trump. Gente muriendo. Elecciones. Gente fascista. Gente fascista Y pedófila. Gente fascista, que acosa mujeres, que es homófoba, que es pedófila y que gana elecciones. Que son impunes. Que además nos dicen que nos callen.

AH, y México. Que, en serio, dejémoslo aquí por ahora.

Así que entenderán por qué necesitaba un descanso de la actualidad.

Entonces ocurrió. Abrí Netflix y me negué a buscar el siguiente documental deprimente o serie que me angustiara. Ya. Necesitaba algo que me distrajera y mucho.

Busqué lo más alejado de lo que leía que pudiera hallar. Para ese momento no descartaba, incluso, el show de las Kardashian. Así de grave la situación. Lo que fuera. YA.

Y lo encontré. El mejor antidepresivo del mundo se llama RuPaul’s Drag Race.

¡Colores! ¡Música! ¡Moda! ¡Drag Queens! ¡Drama! ¡Ru Paul!

 

Esto es lo que necesitaba. Y por la vena. Drastic times call for Dragtastic measures, indeed.

RuPaul es, entre muchas otras cosas, lo primero que yo recuerdo como Drag Queen en mi tierna y (ay) lejana adolescencia en Morelia. Era la Drag Queen que cantaba a dueto con Elton John Don’t go breaking my heart y no solo eso: ERA AMIGA DE LOS DE NIRVANA.

Captura de pantalla 2017-12-17 a la(s) 12.15.08

A la llegada de los VMAs de 1993. Los noventa. Buenos tiempos.

Kurt Cobain dijo que Supermodel, el primer gran hit de RuPaul, era una de sus canciones favoritas. Y tiene sentido. Los dos, de maneras muy distintas, representan una de las principales quejas de la juventú de mis épocas, que se reponía de la resaca ochentera y el triunfo capitalista de la Guerra Fría. Decir, ya fuera gritando con baterías y guitarras furiosas o bailando en una discoteca, que no cabíamos en los esquemas. El cinismo de Cobain o el sarcasmo de RuPaul. Fuera como fuera, el mensaje era claro. Se acabó.

Here we are now, entertain us, I’m stupid and contagious“, gritaba Cobain.

It don’t matter what you wear. They’re checking out your savoir-faire“, cantaba RuPaul.

Daba igual. Y en una época en que decir que eras gay o VIH positivo era sentencia de muerte y paria automático, y no casarte y cumplir con los estereotipos sociales destinados -particularmente para una mujer- era un escándalo, digamos que esto representa lo que se sentía comenzar a romper techos de cristal.

¿Por qué el mundo drag atrae a una mujer heterosexual? En un mundo binario (hombre-mujer; blanco-negro; noche-día; Dios-Demonio; izquierda-derecha), la mezcla de una persona que, independientemente de su género, consigue mezclar las características de ambos sexos la vuelve, de inicio, interesante. Ejemplos sobran, comenzando por Nuestro Señor.

Estas últimas semanas pensé especialmente en las decisiones que me llevaron hasta donde sea que esté. Que incluyen, dentro de mi muy pequeña manera de hacerlo, haber roto esos esquemas. No me casé con quien se suponía debía casarme. No me quedé en mi ciudad. Conocí el antro gay subterráneo de mi ciudad (antes que se volviera mainstream, GRACIAS HIPSTERS). Acabé con amigos bailando en 2002 en la azotea de una casa del siglo XVIII en Morelia durante el Festival de Cine y ese fue uno de los pocos momentos en que sentí que sí, que valía la pena tomar ese camino.

Y ¿por qué todo este rollo tiene que ver con RuPaul? Porque cada semana me receto mi respectivo capítulo y me recuerda lo divertido, inesperado, creativo y hermoso que es ser lo que muchos califican como un “bicho raro”. RuPaul lo dice: ¿por qué, si la vida es tan corta, no utilizas todos los crayones que hay en la caja?

Deben hacerlo. Es muy divertido. Cuestionar a quien te dice que te calles. Gritarle que no piensas ser realista al que te dice que lo debes ser. Decir que no estás de acuerdo porque no estás de acuerdo. Y quejarse, y crear, y defender. Y usando todos los crayones. Coloreando y quitar el blanco y negro. Como lo hacíamos cuando éramos niños.

Este año todavía noto la mirada de conocidos que, ya se lo piensan dos veces antes de decírmelo, pero todavía piensan que por qué las mujeres nos hemos tardado tanto tiempo en denunciar abusos y que RuPaul es una cosa para “mujeres y maricones”. Y sí, lo veo en sus miradas y en algunos tuits. Cuesta mucho quitarse el largo peso de la discriminación y prejuicios inculcados por años.

El camino muy largo, pero al menos, a veces, puedo oler su miedo. Porque ellos saben que los tiempos están cambiando.

Una de las canciones favoritas de un gran amigo era I am what I am, el clásico de La cage aux folles. A él le gustaba la versión de Gloria Gaynor. Yo hallé esta y me emociona. Esta semana la he escuchado mucho por todo el amor y carcajadas que nos unió cantándola.

Lo dice la letra.

I am what I am
I don’t want praise, I don’t want pity
I bang my own drum
Some think it’s noise, I think it’s pretty
And so what if I love each sparkle and each bangle
Why not try to see things from a different angle
Your life is a sham
Till you can shout out
I am what I am.

 

 

Can I get an amen up in here?

En homenaje a R. A. S. (1980 – 2017)

 

Anuncios