Archivos Mensuales: mayo 2016

Por qué soy periodista

Todo empezó en los ochenta. Mi abuelo Benjamín, un excelente lector e historiador, me tuteló. Vivíamos en el DF. Yo tendría unos cinco años. Mi abuelo organizaba tertulias los domingos por la tarde. A los niños nos daban cocacola en esos vasos de cristal que siempre están en casa de abuelos. Y entonces nos preguntaba, a las niñas, (éramos dos las nietas; una, sobrina), ¿qué opinan de esta noticia?

Era una casa muy politizada. Mi prima Paula sabía dónde estaba el libro rojo de Mao antes de saber hablar. Y yo, imitaba a los presidentes priistas a los dos-tres años para risas de los asistentes. Nunca me di cuenta de lo afortunadas que éramos de no oír cuentos de Blancanieves sino de escuchar historias.

Mi abuelo tenía siempre dos periódicos en la mesa. Una enorme. O al menos me parecía así de niña. De esos diarios grandes, que ya casi no se usan. Lo admiraba tanto. Anotaba, subrayaba, llevaba un diario. En fin, era un historiador. Un dia, cuando tenía cinco años, pasé por La Esquina de la Información en la Ciudad de México. Y era uno de esos domingos. Serían las siete de la noche, según mis recuerdos. Recuerdo haberle preguntado a mi mamá, intrigada: ¿por qué están entrando señores a ese edificio si es domingo?. Mi madre respondió: “Son periodistas, hija. ¿Cómo crees que sale el periódico mañana?”. Ahí. En ese momento supe que yo quería hacer eso. Lo que adoraba mi abuelo y un trabajo al que ibas a deshoras por la pasión.

Empecé entrevistando a mis hermanos, haciendo juegos, hice hasta una revista para mi secundaria, adoraba todo. Mi vocación estaba marcada desde el inicio.

Yo estaba en la universidad cuando mi abuelo murió. Nunca me vio periodista.

Y de ahí, han sido unos viajes estupendos. Conocí a políticos, escritores, militares, me metí a donde nadie se debe de meter (como buen periodista), pero siempre respeté la opinión de los demás. Aun cuando estuviera 100% en contra de ella. Lo único que no tolero es la incongruencia. Si tienes valores, vívelos. Sean los que sean. Pero si dices que tienes unos valores y practicas otros, pierdes todo mi respeto.

Fui ingenua, viví aventuras. Fui muy feliz.

Pero también descubrí el lado oscuro del periodismo. Los que están ahí porque solo quieren poder o alimentación al ego. Mi intolerancia a la incongruencia me ha metido en muchos problemas, porque suelo decir las cosas en la cara. No me gusta murmurear detrás de alguien. Si tengo que decir algo, se lo digo. En la cara.

Hoy puedo decir que he aprendido. De mis errores, de mis derrotas, de todo lo que he hecho mal. Pero que tengo muchas ganas de vivir y de seguir adelante. El mayor derrotado de la historia es El Quijote y, mira, también es el más recordado.

Por eso soy periodista. Porque hay que saber escuchar, y reconocer cuando te has equivocado.