Archivos Mensuales: agosto 2015

Malas noticias

Esta foto es la que más me ha roto el corazón. Cámaras que tantas veces he visto usar a fotógrafos, que en mi teoría son los cazadores del periodismo. Los que siempre están más alertas, los que disimulan mejor el miedo. Los que saben ser prudentes, los que no temen a la intimidación. Los mismos que en una redacción parecen leones enjaulados, hambrientos por salir por su próxima presa. Son las cámaras que colegas dejaron junto a la tumba de Rubén Espinosa, un reportero mexicano asesinado hace unos días en mi país junto con cuatro mujeres: Diana, una valiente activista. Yesenia, una hermosa chica jovencita en el DF. Una chica colombiana como tantas otras que he conocido al que nadie ha podido dar nombre, pero que también es una víctima y también merece justicia. Y Alejandra, la trabajadora de limpieza del Estado de México que murió en ese espantoso crimen cometido a menos de dos kilómetros de donde escribo esto.

Captura de pantalla 2015-08-06 a la(s) 01.32.08Foto: Marco Ugarte (Associated Press).

Leí en este texto de Alfredo Corchado una frase de Marcela Turati: “Nunca había visto a tantos periodistas con miedo”.

Y tiene toda la razón del mundo. México es un país con un índice de un 98% de impunidad, basado en un escandaloso bajo porcentaje de crímenes que no son denunciados. La desconfianza de los mexicanos en las autoridades es enorme y eso en sí es un espantoso diagnóstico.

He escuchado a queridos compañeros decir frases que rebasan la tristeza. “En México los asesinatos a periodistas son como las matanzas en Estados Unidos. Nos indignamos un rato y ya. No pasa nada”. “No pensaba que iba a llegar a pegarnos tan cerca”. “Parece que todo lo que hemos hecho no ha servido de nada. Sólo para exponernos”. “¿Y qué va a pasar? La próxima vez que maten a otro aquí nos veremos otra vez”. “Mira, yo no sé que he hecho de mi carrera. Sólo sé que he trabajado con honradez y que al menos no me han matado”.

Corchado cita una terrible (pero certera) frase: En México te matan dos veces. Te matan y luego te vuelven a matar esparciendo rumores falsos sobre lo que fuiste. Un intento para quitarle importancia a que eras periodista, o activista, o a que simplemente estabas en el lugar incorrecto en el momento incorrecto. La impunidad (basada en la maldad, la ineficacia o la mezcla de ambas) hace que las especulaciones reemplacen a la verdad. Y duele.

Y lo más triste de todo es que es la primera vez que decir: “Todo va a estar bien” parece una mentira. Porque no está bien. Tenemos miedo. Miedo por los que sufren la violencia en la mayor parte del país y miedo por los que se atreven a contarla como debe de ser.

Mi abuela me repite, una y otra vez, que mi oficio es difícil. “Hija, los periodistas tienen que pensar mucho antes de hacer su trabajo. Tienen que pensar mucho para no equivocarse”. La última vez que la vi, hace un mes, me lo dijo entre lágrimas. Siempre pensaba, muy ingenuamente, que se refería a una errata o a un nombre mal citado. Pero no. Ahora tengo claro que se refiere a no equivocarse en mencionar a alguien más poderoso. Porque nadie nos va a proteger.

Esa sensación de desamparo, que en mi caso es diminuto, es compartida por miles de periodistas en México. Los más valientes, los que trabajan en la provincia mexicana, con sueldos ínfimos, sin apoyo de sus directivos y esperando que algún día podamos decir lo que vemos sin el temor a quien nos observe, amenace o intimide.

Por eso creo que los fotógrafos son de los más valientes de todos. Y por eso sus cámaras, junto a la tumba de Rubén Espinosa, me rompen el corazón. El miedo es nuestro editor, dijo un querido amigo en estos días. Y sí. Tenemos miedo.