Archivos Mensuales: agosto 2014

Cantinflear

No se puede hablar de democracia cuando en México no hubo una dictadura, porque no la hubo. ¿O sí? ¿El PRI fue una dictadura? Decía Vargas Llosa que era “la dictadura perfecta”, y entonces como la dice un extranjero es como que sí pero en realidad no. Lo dice un extranjero entonces algo entiende pero en realidad no lo entiende porque no percibe nuestra realidad.

Dicen que en nuestro país ha habido una guerra en los últimos años, ¿pero ha sido una guerra? No pudo haber sido una guerra. Porque no fue guerra al final. El presidente Felipe Calderón dijo al final que era una ofensiva. Juan Camilo Mouriño, su número dos, su mejor amigo, su secretario de Gobernación, el urdidor de la polémica guerra contra el narco, murió cuando su avioneta se estrelló en la Ciudad de México en el único suceso de esta naturaleza que ha ocurrido en la capital en 100 años. Pero fue un accidente, decía Calderón, mas a partir de ese momento, en 2008, emprendió una ofensiva tan desordenada como aguerrida. Dijo que la muerte de Mouriño fue un accidente, pero calificó su lucha (la guerra contra el narco), hace unos días, como noble por su objetivo. Hubo muertos, pero estaban implicados. Murieron dos secretarios de Gobernación en sendos sucesos calificados como accidentes según fuentes oficiales, así que no eran bajas de guerra. Fue una guerra, pero no, porque al final fue ofensiva, una que comenzó en su tierra, en Michoacán en la que dio por muerto al líder máximo del capo que mandaba ahí, a Nazario Moreno, al que para desmentir tal baja se podía preguntar a cualquier vendedor de carnitas en Quiroga y que en 2014 resultó que no estaba muerto y que andaba de parranda, literal.

Su sucesor, Enrique Peña Nieto, ya de plano ni quiere mencionar el tema, el está moviendo a México a golpe de reformas y mejor ignorar que pasan cosas espantosas en este país.

El PRI nos gobierna pero ya no es el viejo PRI, es el nuevo PRI pero con el mismo logo, los mismos líderes (o sus sucesores, en el caso de los fallecidos), y el mismo modus operandi. O sea que no es el PRI pero es el PRI, pero en mejor.
La reforma energética era necesaria, no garantiza la transparencia pero era necesaria, era mejor de lo que teníamos, porque Pemex no se podía mantener sola ya, así que había que cambiar, ¿hay poder para detener los monopolios? Hay que darle el beneficio de la duda. La reforma era necesaria.

¿Hay libertad de expresión? La hay, pero tantito. No espantemos a los inversionistas. Sí, hay riesgos. Pero no somos Sierra Leona, ¡en Brasil hay más asesinatos, pero se venden mejor!, dicen que en Colombia matan más, mejor no digamos nada. Matan periodistas, les pagan poco, los directivos prefieren mantener acuerdos con el Gobierno antes de apostar por investigaciones porque es mejor no hacer preguntas.

Hay miedo.

México intercambió el oro por espejos porque siempre ha tenido fascinación por ellos, porque nunca ha creído en su reflejo.

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Laika y la luna

A mí me dijeron de niña que el hombre llegó a la luna en un verano. De niña, también, a la luna siempre le vi tatuada la forma de un conejo. Hay leyendas prehispánicas que hablan sobre la luna y el dichoso conejo. Mi memoria infantil habla de un guerrero que arrojó al animal y que se quedó ahí, marcado para siempre. 

De niña, el asunto estelar me resultaba de lo más interesante. En los almanaques que solía comprar mi abuelo, me enteré de que Venus rota al revés y que su día dura más que su año; que Júpiter es gaseoso y que le llaman la “estrella fallida”; y que la vida en Marte no es tan marciana, valga la redundancia: la temperatura en su ecuador es algo así como -11 grados (no sean muy exigentes conmigo, lo recuerdo a bote pronto) y es un poco más pequeño que la Tierra. Frecuentaba el planetario de Morelia (sí, hay un planetario en Morelia) y me traumé cuando explotó el Challenger (la pobre profe McAuliffe). 

Y claro, la luna. Ahora que recuerdo, es curioso que no me había cuestionado el asunto del Apolo 11 sino hasta mucho tiempo después. Lo asumía como un axioma. No fue sino hasta hace un par de años que, en una charla con un colega, dudé por primera vez que tal cosa no había ocurrido. No me culpen, mi ingenuidad no conoce límites. Hace muy pocos años me enteré que Laika, la perrita cosmonauta, no había tenido el feliz destino que había imaginado para ella. Pensaba que había vuelto a la Tierra, se había casado con el equivalente canino de Yuri Gagarin y se había convertido en la feliz mamá de muchos cachorritos espaciales. No fue así. La pobre fue abandonada a su suerte en la nave en que había viajado, donde murió del susto.

laika

Laika. Siempre en nuestros corazones.

En cuanto al asunto lunar, tras pensármelo un tiempo, elegí creer. Entiendo que hay más de un argumento en contra. Y muchos otros igualmente debatibles. Por ejemplo, la tontería de dinero que los gringos se gastaron en el chistecito: unos 4.000 millones de dólares actuales, según The New York Times. A veces me pregunto qué hubiera ocurrido si los rusos hubieran sido los primeros en llegar. Algo es seguro: los gringos se habrían gastado los mismos 4.000 millones en desacreditar la hipotética proeza soviética. 

El tema viene a cuento porque, entre tanta luna, no pude evitar recordar todo esto. Recordé que yo soy de las que todavía me lo creo. La llegada del hombre a la luna pertenece a las ideas que guardo con mayor recelo. Como que los buenos sí ganan, que el amor existe y que mis muertos están en un sitio fantástico al que yo iré algún día. No son ideas que deseen ser impuestas y tampoco buscan ser rebatidas. 
Tengo muchas convicciones que puedo probar. Y tengo otras, como éstas, que elijo creer. 

PD- Leí en The Guardian que los nuevos programas espaciales buscarían voluntarios a explorar el espacio… pero sin viaje de vuelta. Conozco a más de uno que fantasearía con la idea de viajar y mandar a su mundo, literalmente, a la fregada.