Once contra once

Por Verónica e Iván Calderón.

Quizá uno de los aforismos más repetidos en el fútbol es el de Gary Lineker: “El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once y siempre gana Alemania”.

En la casa Calderón hemos ido con Alemania desde que el 14 de junio de 1970 a mi abuelo Abdón se le ocurrió llevar a sus cuatro hijos a un partido de cuartos de final de un campeonato del mundo: México 70. El asunto es que mi abuelo vivía en Quiroga (Michoacán) y se le ocurrió la brillante idea. Hasta aquí vamos bien. Investigó que el partido Inglaterra (la de los hermanos Charlton) y Alemania (la de Franz Beckenbauer) se jugaría a unas cinco o seis horas en coche de ahí: en el Nou Camp de León, Guanajuato (que no Camp Nou, catalanes, pero eso se los explicaré en otro post). Mi abuelo vio en la tele que se jugaba una copa del mundo, que era relativamente cerca y dijo, ¿por qué no? ¡Voy a llevar a mis hijos a ver el fútbol!

Así que juntó a sus cuatro hijos: Antonio, mi padre, de 17; Luis, de unos 15; Jesús, de 14; y Abdón, que apenas sumaría unos cinco. Los montó en su gigantesco Ford verde olivo que debería de gastar demasiada gasolina en plomo como para derretir un iceberg por sí solo y emprendieron el viaje en carretera. Llegaron a León y mi abuelo se acercó, seguro, a la taquilla. Había un pequeño detalle. NO HABÍA COMPRADO ENTRADAS. Pero así era mi abuelo, vamos. Mi abuelo era el tipo de hombre al que le podías encargar detener un meteorito con dos horas de antelación. Y te decía que sí, que lo detendría. Y lo detenía. Pues eso.

El vendedor le dijo que solo quedaban, de milagro, tres asientos. (Algo debió de haberle conmovido la imagen). A mi abuelo, como argumento, solo se le ocurrió decir que él había viajado DESDE MICHOACÁN, como si eso fuera a convencer al vendedor de sacar más boletos en automático. Le repitió que estaban agotados.

El señor que estaba delante de ellos en la fila, ya con sus boletos en mano, escuchó el enfurecido y convencido argumento de mi abuelo y le dijo que, por haber viajado hasta León, le daría un par de sus boletos. Que no habría sido agradable viajar y no entrar al estadio. “Seguro se arrepintió el extraño bondadoso”, dicen en la familia.

Lo que sigue es una mezcla de los relatos de mis tíos y mi padre.

Recuerdan que el estadio estaba repleto. Que la mayoría iba con Alemania. Que eran unos CUARTOS DE FINAL de México 70, por el amor de Dios. Que los mexicanos NO apoyaban a los ingleses porque los de la selección de la Rosa eran “muy engreídos” porque habían traído su propia agua de Inglaterra para no probar ni gota del H2O nacional (craso error). “En la guerra, con Inglaterra; en el fútbol, con Alemania”; repite al día de hoy mi padre.

Al minuto 50, Inglaterra ganaba ya dos goles por cero. Pero, ojo aquí, Alemania no estaba derrotada. Beckenbauer descontó y marcó el primero. La selección que defendía su campeonato del mundo del 66 (sí, la del fantasma de Wembley, ¿recuerdan? Este partido además tenía su mucho morbo) pensaba ya en su “semifinal”. El otro partido de cuartos de final, Italia-México, se jugaba simultáneamente en Toluca. Aquel  terminó con un 4-1 a favor de los azzurri.

beckenbauer-lesion-hombroBeckenbauer en el partido del siglo, contra Italia, una semana después. Ya no hay jugadores así, diría mi papá.

El asunto es que pese a que el Káiser les había metido un gol, el entrenador de Inglaterra decidió sacar a su mejor hombre para protegerlo de la semifinal (Bobby Charlton). Pero no sabían lo que iba a venir…

Aquí el partido, según mi padre, mis tíos y mi abuelo, que en paz descanse, es épico. Los alemanes se convierten en una especie de súperhéroes. “No dejaban de luchar, parecían incansables y después de un despeje de la defensa inglesa, le cayó la bola a Schnellinger, se perfiló, mandó la bola al centro y ‘el alemán más alemán’ Uwe Seeler, remató con la nuca como nadie lo esperaba, hizo un golazo que daba el empate”, recuerda mi tío Jesús, según recoge Iván.

Se fueron a tiempos extra. Y el relato, reconstruido por señores que ya pasan de los cincuenta pero que lo recuerdan con la emoción de unos niños, emociona. “Un centro pasado. Llega al área. Y remató Gerd Müller”.

Mi tío Jesús quedó encantado con Seeler. Mi tío Luis con Müller. Mi padre, al día de hoy, está convencido de que Beckenbauer es el mejor jugador que ha pisado una cancha de fútbol en el mundo mundial. Y mi abuelo murió defendiendo a aquellos como una especie de semidioses que sabían cómo patear un balón. “Vimos un partido de uno de los mejores mundiales de la historia”, coinciden mi padre y el de Iván.

Desde entonces, en mi casa (y en la de mis tíos) vamos (claro) con nuestra selección mexicana. Pero un pedazo de nuestro corazón está con la Mannschaft. “En la guerra, con Inglaterra; en el fútbol, con Alemania”.

PD. Mi madre estaba viendo el Italia-México en el DF. Al día de hoy dice que le va a Brasil la del jogo bonito porque “nos vengó” de esos italianos en la final con el mismo marcador (la Brasil de Pelé y Tostão venció 4-1 a los azzurri que ganaron al Káiser, a su hombro herido y la Mannschaft en el partido del siglo). Ha habido largos debates en la mesa de mi casa por este tema.


Una edición anterior de este post decía que el partido entre Italia y México se jugó en el DF. En realidad se jugó en Toluca. Gracias a Carlos Contreras Carrera por la corrección.

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2 comentarios en “Once contra once

  1. Lei la entrada de tu blog y solo queria comentar que el partido de Mexico vs Italia fue en Toluca, por lo demás esta muy bien, me gusto la anecdota.

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