#Pushy

Captura de pantalla 2014-05-20 a la(s) 00.32.49

‘Pushy’. Agresivo, en castellano. Para acotar: agresiva. Y así definió el New York Times a su directora despedida, Jill Abramson, que dejó el puesto esta semana en medio de un escándalo que, si usted es periodista, seguramente conoce de sobra. Particularmente si usted es UNA periodista.

Lo que ha seguido es un aluvión de artículos sobre el tema. Y aunque vaya que me he leído ya una cantidad considerable de palabras sobre Jill Abramson, Dean Baquet y Arthur O. Sulzberger, reconozco que este es un tema que apasiona, sobre todo, a los periodistas. Aquí Ira Glass (presentador de radio y televisión) se pregunta sobre la historia y lanza: “I’m a superfan of the New York Times, but I know nothing about how they put it together and I really don’t care”.

Pero en este humilde blog somos periodistas y chismosos curiosos. Y la historia lo tiene todo. El Radiopasillo que nos encanta, la intriga palaciega, egos, traiciones, poder y, como escenario, la Dama Gris.

Nytimes_hq

 (Suspiro).

Así que vamos para allá. El día que despidieron a Jill Abramson, que ya parece a estas alturas para la-mujer-periodista-friki como yo el día que mataron a Kennedy, la directora de Le MondeNatalie Nougayrède, también dejó su puesto en medio de una enorme batalla en la redacción. El 14 de mayo de 2014 queda grabado, entonces, como uno de los peores días para la mujer gestora al frente de un medio de comunicación.

lemonde

(Otra compañera caída en estos días).

Una de las notas del NYT anunciando el histórico despido (que yo sepa no había precedente de un despido tan fulminante y por la puerta de atrás) incluía los funestos adjetivos pushy (agresiva) y mercurial (voluble) para referirse a Jill Abramson, que declinó sumarse al paripé de “todos somos amigui” tras haber perdido su trabajo. Consejo aquí, chavos, sexismos aparte. NUNCA nos llamen agresivas y volubles en un momento de tensión.

gato

(Mi posible reacción. Ejemplo gráfico. Muy pushy).

 Volviendo al punto. La historia original del NYT sobre el asunto, que además incluye una línea en la que indica que “Ms. Abramson did not return messages seeking comment” la pueden leer aquí. El periódico, como no se puede esperar menos del mejor diario del mundo, ha dedicado varios artículos al despido que ha mantenido al gremio hablando en la última semana. La defensora del lector, que probablemente se está preguntando si gana igual que su predecesor masculino, ha abordado el tema (el texto se puede leer aquí) y David Carr escribe un honesto relato (al menos así se lee) sobre lo ocurrido en su redacción.

Grosso modo: desde su nombramiento, Jill Abramson se enfrentó a dificultades. Sulzberger, el dueño del periódico, estaba indeciso entre ella y Dean Baquet, un carismático periodista afroamericano que un redactor del NYT describe como “el primer jefe que me ha abrazado en este periódico”.

Baquet

(Se ve buena gente).

Sulzberger, que ha nombrado a cuatro directores ya (Howell Raines, Bill Keller, Abramson y Baquet), tenía problemas con la gestión de la directora (cuyo nombramiento fue anunciado por el periódico como el-gran-paso-adelante-de-la-mujer-periodista, pero ese es otro tema). La gota que derramó el vaso fueron las negociaciones de Abramson para contratar a Janine Gibson, de The Guardian, para liderar la estrategia digital del periódico. Ya saben, ese terrible dolor de cabeza para todos los diarios del mundo. Ocurre que Abramson dijo a Sulzberger y al CEO de la empresa que ya había avisado a Baquet de la contratación. Baquet (que en el papel, nunca mejor dicho, era el subordinado de Abramson) defendió ante el dueño del diario que no era así e, indignado, exigió la cabeza de ella o afirmó que se iba. Ken Auletta hace una reconstrucción bastante completa aquí. El asunto no es ni 100% sexista ni 100% error de gestión. Es como la vida: sí, Abramson había cometido errores y su relación con sus jefes no era la mejor. Pero es difícil imaginar a Ben Bradlee, el legendario director de The Washington Post, recibiendo un regaño porque no avisó a su subalterno de una nueva contratación.

bradlee

(No lo veo).

Por cierto, The Washington Post hace aquí una reconstrucción de la guerra mediática entre Auletta, el campo Abramson (que nos regaló esta maravillosa imagen, cortesía del Instagram de su hija), y el NYT.

Los hechos. El Times ha negado que le pagase menos a Jill Abramson, pero el propio Auletta lo ha desmentido con datos (el NYT no ha difundido sus propias cifras). Este maravilloso artículo de Kara Swisher deja bien claritos los puntos sobre las íes. Abramson, según el propio Auletta y Politico, autores de un artículo que hizo llorar a Jill hace un año, no fue totalmente honesta cuando sus jefes le preguntaron si estaba fichando a Gibson.

¿Y por qué nos ponemos así las periodistas en este tema? “Ellos no lo entienden”, me respondía una colega esta mañana. Y es verdad. Pese a lo mucho que amamos esta carrera (entiendo perfectamente el impulso que hizo a Abramson tatuarse la T del NYT), hay algo que sí, se siente distinto. El lugar común: nosotras somos histéricas, ellos de carácter fuerte; nosotras unas viejas locas, ellos unos jefes exigentes.

Además, ¿cómo no conmoverse por una mujer que se definió como una ‘veterana de guerra’ en una entrevista sobre su puesto? La entendemos. Claro que la entendemos. Y sobre todo llama la atención la salida tan fulminante de una dirección. Vamos, a Howell Raines (que, ejem, publicó bajo su gestión crónicas falsas de Jayson Blair) le dejaron despedirse frente a toda la redacción, con su esposa a un lado. Hay estilos de hacer las cosas.

Las aguas calmadas, lo que queda es que el NYT es un gran periódico puesto que nos tiene a todos súper atentos a sus crónicas de Radio Pasillo. Que Dean Baquet debe de ser un gran periodista, porque los comentarios sobre su trabajo en las decenas de artículos publicados son muy generosos. Y que bueno, no es una historia de ellos malos-ella víctima, pero sí que recuerda un poco las diferencias que nos encontramos en este medio las mujeres. En este y en tantos otros.

Abramson, como explica este gran perfil, no es una persona que mantenga como mantra “cuánta suerte tenemos”, sino que aprecia el valor del trabajo. Y la moraleja es que ha quedado una lección, por lo menos. Si quieren leer una buena selección de textos sobre el tema, aquí les dejo este post de @nohacefaltap. También recomiendo el TL de @moorehn, que ha tuiteado prácticamente TODOS los comentarios y artículos posibles del tema. Y sí, ya sé que somos un poco cansinas con el asunto, pero entiéndanos, ¿qué niña periodista no ha soñado con dirigir el NYT?

NYT-PageOne-Jill-Abramson

(Yo habría hecho lo mismo).

Dicho esto, volvemos a nuestra programación habitual.

Captura de pantalla 2014-05-20 a la(s) 01.32.13

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s