Mi sobrina, la escritora

En una cena, un periodista cultural, me dijo que yo era “letra herida”.

Yeretzi es la hija mayor de mi prima Mayra Terreros, hija de mi tía Chabela, prima de mi madre, que se crió con ella desde niña. Otra historia.

A Yeretzi la conocí de bebita. Mayra se casó muy joven y ahora es la guapísima madre de tres pequeñas. Yeretzi es la mayor.

En mi vuelta  a México, en un viaje interminable al sur de la ciudad, asistí a su cumpleaños número 13. Ocurre que Yeretzi es adolescente, que le gusta leer y que lo pasa un poco mal con sus compañeros de la secundaria. A ella le gusta leer y no le gusta Justin Bieber, y eso no es muy aceptado.

En su comida de cumpleaños, quería estar al lado de mí para confesarme, con orgullo: “Tía, a mí me encanta la literatura, pero los demás me ven rara”. Le pregunté a qué quería dedicarse de grande y me dijo: “Yo quiero estudiar historia del arte y ser escritora, pero de LIBROS”, apuntó. Miren si tendrá sangre de escritora, que desde pequeña sabe distinguir entre los periodistas que escribimos libros y los escritores.

Ayer me pidió que revisara su reseña de Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco.
Después de algunos consejos de su tía, la periodista, decidió hacer algunos cambios, que opino vale la pena compartir.

 Transcribo el texto con el permiso de la autora.

A mí el libro de “Las batallas en el desierto” se me hizo un libro muy interesante, pulcramente relatado y sobre todo muy atrapador, ya que con cada hoja que vas leyendo te interesas más y más por el siguiente capítulo, es un libro muy rápido de leer y sencillo de entender, y como dicen “al buen entendedor, pocas palabras”.
Yo en lo personal recomendaría el libro, aunque no es uno de mi colección de libros predilectos, ya que creo que le falto un poco más de narración al final de cómo iban cambiando las edificaciones, costumbres, tecnología, etcétera.
No soy yo la persona ideal para juzgar el libro de un escritor como José Emilio Pacheco, pero yo en mi opinión le pondría de calificación al libro un: 9.
Bueno, en general supongo que el libro está bien solo que, todo iba muy bien todo relatado perfectamente y luego al final solo acaba en algo muy corto, como y el México de ahora nunca volverá a ser como el de antes, y si ella viviera tendría 70 años, siento que fue un final muy sencillo para tan buen relato.

Creo que resume el sentimiento de un buen lector. “Todo iba bien y se acabó”. Resume la letra herida de los que no queremos terminar un libro y nos desvelamos leyendo un poquito del siguiente capítulo, y que cuando vemos que quedan pocas hojas, queremos seguir más. Lo dicho, las letras hieren. Ojalá los buenos libros no acabasen nunca.

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