El 33 (Recuerdos de una mexicana en el #15M)

Este texto lo escribí volviendo de la primera gran manifestación del 15M, la de “No nos vamos”, en Madrid, el 18 de marzo de 2011. Todavía recuerdo los gritos y la sensación de estar ahí. Ese día creo que me volví un poco madrileña.

El artículo 33 de la Constitución Mexicana marca que ningún extranjero puede tomar parte de alguna manifestación pública sobre la política interna del país. Tal cual. La ley es tan popular que es común que alguna vez se bromee con “hay que aplicarle a ese gringo el 33”. Lo curioso de las leyes (tan repetidas y promovidas por ese régimen mutante que fue el PRI) es que hay algunas que están tan, pero tan metidas en tu sociedad que simplemente las asumes. Sabes que eso-no-se-hace. Así que cuando me mudé a España, me ponía nerviosa hablar de la política de mis anfitriones.

Recordé el artículo 33 (y mi relación con él) cuando José Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones generales de marzo de 2008. Yo llevaba apenas dos meses en España. Un amigo mexicano y yo acabamos con los compañeros de mi máster a las puertas de la sede del PSOE en Madrid. Recuerdo los gritos (“ista, ista, ista, España es socialista”) y que vi a algunos que agitaban banderas de la UE. Ha pasado el tiempo.

También recordé el 33 cuando la monumental crisis económica cayó encima. Cuando Zapatero negó una y otra y otra vez que España fuera a sufrir de crisis. O que las cifras de paro iban a aumentar. O que el crecimiento se detendría. O que España no necesitaría ningún rescate. (Cosa que no ha pasado, pero hay una regla que aprendí cuando mi país se enfrentó a ese rosario de crisis económicas: Escucha todo lo que diga el Gobierno, ocurrirá exactamente lo contrario). Y también me acordé del 33 cuando el Partido Popular acusó a Zapatero de todos los males de España, como si el país hubiera elegido meterse a esa enorme burbuja solo. La incapacidad para asumir una responsabilidad compartida me rebasa.

Hay días que abro el diario y veo los escandalosos casos de corrupción en toda España: aeropuertos fantasmas, filas y filas de edificios vacíos y políticos con hábitos que rozan la cleptomanía. Las espantosas cifras de desempleo y los escandalosos sueldos de los CEO de las principales empresas. No hace ni un mes que Telefónica, una de las mayores empresas de España, anunció un recorte de personal y ya trascendió que su CEO se llevará a la bolsa 8,6 millones de dólares. Y cuando leo todo esto, me acuerdo del 33.

Hay quien dice que las manifestaciones desprecian la democracia. No faltarán los radicales, pero creo que todos deben ir a votar. Aun sea en blanco. La democracia cuesta y es cara. Nadie debería olvidarlo. Tampoco veo un lado demasiado romántico en las protestas. Es muy evidente que no hay una organización ni exigencias concretas y eso es peligroso. Pero lo que es verdad es que fui y no vi ni hordas de jóvenes borrachos/drogados, ni policías que impidieran el paso. Todo fue tranquilo, al menos hasta la hora en que me fui. Los que dicen que las protestas dañan la democracia no tienen idea de que la democracia más vieja del mundo, Estados Unidos, se basa precisamente en esta libertad. (O al menos el Estados Unidos que yo conocía, no sé qué tanto queda de eso). Le llaman primera enmienda, y garantiza el que, hasta no hace mucho, era el valor más alto de la sociedad de Estados Unidos: la libertad de expresión. El país en que podías quemar una bandera enfrente de la Casa Blanca y, legalmente, no se te podía juzgar. (Ahora, también tienes la libertad de comprarte una pistola y pegarle un tiro a alguien con el pretexto de que defiendes tu propiedad privada… en fin, que la cosa viene con defectos).

Sea como sea, hoy fui a Sol. Mi teléfono desfalleció por la batería así que lo único que hice fue tomar notitas en una libreta para un posible reportaje. No canté ni una consigna. Fui como periodista y mexicana. Sí, la del 33. Aunque debo decir que, si todo sale bien, a partir de este año comenzaré a pagar impuestos al Estado Español. Y en un tiempo más (si es que el PP no tiene otros planes), podré votar en las elecciones de ayuntamientos. ¡Y entonces se van a enterar!

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