Walter White somos todos

Esta es una historia de una persona que decide convertirse en un malvado.

Es el cuento de un hombre normal, un señor que, aplanado por la(s) crisis, no tiene otra opción que buscar el mismo camino que los únicos que tienen dinero en su entorno lo han conseguido.

Es la historia de un tipo que un día decide gritar que ya está bien. Que hoy se va a ganar su dinero. Que va a seguir adelante. Por la buena o por la mala.

Breaking Bad es más que una serie. Me recuerda a lo que decían de las novelas de Dickens, que llegaban en barcos y que la gente las esperaba semana a semana en el siglo XIX.

Breaking Bad relata el otro lado. ¿A dónde llegaba la droga que producíamos aquí? ¿Quién la repartía? Conocíamos al negrito de The Wire y a Pablo Escobar. Pero siempre era un misterio saber quién era el dichoso tipo que hacía llegar la droga que se produce aquí, con tanta sangre, a Estados Unidos y Europa (España, de los mayores consumidores del mundo).

Lo maravilloso de la serie es que describe al hombre que no tiene más opciones que responder a su instinto más primario. Un instinto mucho más monstruoso del que su familia, sus hijos, sus amigos y sus alumnos hubieran imaginado.

No duda en matar a un narcotraficante (Krazy8, para los que siguen la serie), pero sólo llora por su muerte medio capítulo. Llora por miedo, no por conciencia. Distinto a Jesse, el gringuito que le ayuda, y que pasa llorando por las muertes los cinco años de la serie.

Es un pragmático, un manipulador. Un monstruo. Un tipo, que en el sentido más enfermo del capitalismo, decidió decirles a todos que era el más cabrón, el más chingón, el puto amo como dicen en España.

Que era su ego, todo el tiempo. Y que por su ego terminó por destruir a su familia. Por dinero y por poder.

Porque así están las cosas.

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Un comentario en “Walter White somos todos

  1. Puede que todos seamos en el fondo Walter White y, en este sentido, puede que todos tengamos un límite que una vez traspasado nos lleve a mostrar nuestros instintos más primarios y ocultos (que también son nuestros y que no podemos negar). Cruzado ese límite, ya no existen ni el bien y ni el mal, sino sólo el hombre luchando por sí mismo. En esos momentos no se pueden hacer juicios de valor. Pero también es cierto que no todos tenemos el límite en el mismo lugar, pocas veces se llega a esa situación extrema. Muchas veces se puede elegir. Y en la existencia de la elección es donde reside la libertad
    La pregunta para mí es: ¿era Walter White libre?

    Un saludo y me ha gustado mucho tu reflexión.

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